lunes, 28 de octubre de 2019

LA ECONOMÍA FRENTE A LA CRISIS AMBIENTAL

La organización económica de una sociedad es resultado de un largo proceso histórico, mediante el cual se imponen determinadas modalidades de producción, de distribución, y de cambio y consumo de los productos. El sistema capitalista tiene al mercado, como el instrumento mediante el cual se establece dicha organización económica.
La teoría económica (pensamiento económico neoclásico) considera que el mercado es el mejor organizador de la producción; que de manera espontánea asigna los recursos, sustituyendo ventajosamente cualquier planeación racional de la economía. En todo caso, la intervención estatal podría ser necesaria en momentos de crisis, como sostiene el keynesianismo (teoría general del empleo, el interés y el dinero) pero siempre como un accesorio temporalmente acotado, y relegado al funcionamiento más perfecto y de mayor largo plazo del mercado.
En los países más avanzados, e inclusive en algunos industrializados del tercer mundo, se habla de la necesidad de una renta básica para toda la población adulta, independiente del salario. Esta es una clara demostración que el mercado no es capaz de una asignación medianamente equitativa de la riqueza. 
Hoy en día, ningún economista serio es capaz de mantener que el mercado puede ofrecer pleno empleo. Y no se trata de una cuestión pasajera; políticos y economistas de gabinete tienen claro que la desocupación se ha constituido en un problema estructural. 
La preocupación mundial por frenar la depredación de los recursos naturales y la contaminación industrial, ha obligado a la economía neoclásica, aún hegemónica, a desarrollar modelos e instrumentos de política económica para otorgarle precio a la contaminación del aire, a los genes de seres en extinción, a la contaminación de los cursos de agua, a la erosión del suelo, etcétera, así como a establecer mecanismos de contabilidad que permitan incorporar a las cuentas nacionales las llamadas “cuentas patrimoniales”; que no es otra cosa que ponerle precio a lo que en la práctica no tiene.
Esta naciente economía ecológica permitía prestar atención a las diferencias entre recursos naturales renovables y no renovables, que es uno de los problemas claves de la actual crisis ambiental. No obstante, la economía neoclásica y keynesiana hicieron oídos sordos, tanto a los planteos marxistas como a los de la economía ecológica, en aras de incrementar las ganancias capitalistas.

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